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Seis motivos por los que no tienes que buscar la felicidad todo el tiempo

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La tiranía de la felicidad obligada

En los últimos años hemos asistido a un aumento de la necesidad de ser felices. ¿No te pasa que tienes el Facebook lleno de frases de superación?, ¿a que conoces a más de un “gurú” que promete enseñarte a ser feliz aunque no quieras?.  Parece que se ha desatado una nueva moda en la que tenemos que ser felices a toda costa. No me malinterpretes, me parece una muy buena intención, pero después de unos cuantos años haciendo terapia te diré que evitar el sufrimiento es imposible, irracional e incluso perjudicial. Te cuento el por qué en seis puntos:

1. Objetivo poco realista

Como he comentado en la introducción ir con la sonrisa puesta de forma permanente es imposible. Si nos ponemos ese objetivo, obviamente no lo vamos a conseguir y esto generará frustración constante. ¿Por qué no puedo ser feliz?, ¿todo el mundo consigue lo que quiere menos yo?, ¿por qué hoy estoy de bajón?. Por una razón muy sencilla, estás viviendo.

2. En la vida existen problemas

Esta visión de la felicidad obligada puede hacer que no aceptemos una de las verdades más universales, en la vida existen problemas. Vas a pasar momentos complicados, vas a ver morir a seres queridos, te van a despedir del trabajo y vas a tener día tristes sin motivo. Vuelvo a lo mismo, sentirse mal en esos momentos no es malo, es vivir.

En muchas situaciones la tristeza es necesaria y nos ayuda a reflexionar. Negar esa emoción puede ser perjudicial para nosotros

3. Puede producir bloqueo

El hecho de no aceptar los momentos malos hará que no busquemos soluciones. Una de las funciones de la tristeza es hacernos parar, frenarnos, aislarnos de todo para que podamos contar con un tiempo de reflexión. Me ha pasado algo malo, me siento triste y me pregunto, ¿qué quiero hacer ahora?, ¿cómo reconstruyo mi vida?, ¿qué opciones tengo?, ¿cuál sería la mejor solución?. ¿De verdad piensas que podrías vivir sin esos momentos?, seguir siendo “feliz” después de algún evento negativo sin una pequeña reflexión puede ser muy peligroso. Además, como señala Lazarus (2003) el disfrute o la alegría, en algunos casos puede ser defensivo y aparecer lo que el autor llama Pollyannismo: puede representar un intento de evitar enfrentarse con la adversidad de la vida.

4. Idealizar

Parece que esta nueva corriente de felicidad nos presenta un modelo de cómo debe ser nuestra vida. Si hacemos caso a esos estándares, idealizaremos momentos, situaciones y personas. Esto es peligroso, ya que probablemente la vida real no sea como imaginemos. No hay nada mejor para cargarse un momento que imaginarse antes cómo va a ser. Házlo, y aunque no sea perfecto, será real.
Además, si hay mucha distancia entre mi imagen ideal de las cosas y la realidad, nuestra amiga la ansiedad va a aparecer, con toda la buena intención de protegernos, pero te aseguro que es molesta.

5. Modelo único de felicidad

Cada uno de nosotros tiene un concepto diferente de felicidad. Es imposible que ahora se vendan verdades absolutas sobre este tema. Solo tú puedes saber lo que te hace feliz. Reflexiona, búscalo y cuando lo encuentre repite, repite y repite. Pero lo que a ti te guste, no una felicidad en lata.

6. Sentirnos tristes por estar tristes

Como plantea Held (2002) la presión hacia la actitud positiva esté contribuyendo a cierta forma de infelicidad. Es decir, algunas personas se sienten culpables, cuando no consiguen sentirse bien. Algo falla si no consigo esa felicidad a la que estoy casi obligado/a y que parece que todo el mundo tiene. Como comentaba anteriormente, al final no aceptamos que en ciertos momentos lo saludable es estar triste y sentirse mal. Parece que esto es algo así como un pecado y ya ni siquiera nos atrevemos a comentarlo con los amigos. Parece que queda mal socialmente el expresar sentimientos negativos. En este punto tengo dos problemas, mi tristeza original y mi tristeza por sentirme mal. Y es que puedo llegar a responsabilizarme de ciertas situaciones negativas “si no disfruto o soy feliz en este momento es que algo he hecho mal”. Estar triste no es necesariamente malo ni patológico. Vivir no es una enfermedad.

Conclusión

El propio Seligman, padre de la psicología positiva, (1990, en Held, 2002) dice que no deberíamos ser esclavos de las tiranías del optimismo. El optimismo puede en ocasiones impedir que veamos la realidad con la necesaria claridad, lo que buscamos no es un optimismo ciego sino flexible, optimismo con los ojos abiertos. Debemos ser capaces de utilizar el agudo sentido de la realidad del pesimismo cuando lo necesitemos.
No necesitas a nadie que te diga cómo ser feliz todo el tiempo. Todas las personas pasamos por momentos difíciles en nuestra vida. Si no puedes superarlos, busca ayuda. Pero si tu único problema es vivir, cuidado.
Tu decides, seguir una felicidad ya impuesta y programada por otras personas, que no tienen tu vida, ni tus pensamientos, ni tu día a día, o buscar lo que realmente te hace feliz.


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