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Violación y ansiedad

ansiedad violación

Estado de shock ante una situación traumatica

Como ya sabéis, los problemas de ansiedad son los que más trabajamos en nuestra consulta. Hoy os voy a hablar sobre cómo reacciona nuestro cuerpo en casos de peligro extremo como por ejemplo un atraco, agresión, violación, etc.

Y es que España vive conmocionada estos últimos días por la sentencia judicial del caso de “la manada”. No voy a entrar en valoraciones sobre este juicio ya que desconozco las leyes que han llevado a tomar la decisión de esa condena.

A raíz de este caso, se ha hablado mucho acerca de las diferentes reacciones que una persona puede tener en situación de peligro.

En momentos en los que hacemos una valoración de peligro, aparece la ansiedad, y esta nos prepara para luchar, huir, o quedarnos paralizados.

La ansiedad aparece en situaciones en las que hacemos una valoración de peligro.

Es un mecanismo de supervivencia con el que contamos desde que nuestros ancestros vivían en las cavernas. Imagínate que veían a un león, les subía la ansiedad y esta hacía que tomaran una decisión rápida. Quizá querían luchar con el león, huir de él, o quedarse quietos donde estaban para esconderse y salvar su vida.

En una situación en la que experimentemos una fuerte ansiedad podemos entrar en estado de shock y sufrir síntomas disociativos como la despersonalización y la desrealización.

Hay que decir que en situaciones de gran peligro, la decisión no es tan consciente y pueden producirse varios fenómenos que explicamos a continuación.

Estado de shock

El estado de shock se produce en situaciones altamente traumáticas como la comunicación de la muerte de un ser querido, una violación, un accidente, etc. En este momento, valoramos esa situación como muy dañina para nosotros y todo nuestro sistema de ansiedad se activa para protegernos y guiarnos hacia la supervivencia. Es decir, nuestro sistema nervioso se activa para resolver una situación complicada  que exige una solución rápida.

También puede pasar que nos quedemos parados, mirando al infinito y sin saber que hacer. Lo que está pasando nos impacta tanto que nos hemos quedado bloqueados ante una situación que no sabemos gestionar.

Por lo tanto, podemos diferenciar entre:

Shock emocional: en el que aparecen síntomas de embotamiento afectivo. La persona presenta dificultad para sentir emociones. Pueden aparecer problemas de concentración y memoria y un estado de hipoactivación. Quizá esto último sería lo más característico ya que parece como si la persona no reaccionara.

Shock agresivo: en el que destacarían síntomas de agitación física y rabia. Se produce una reacción muy fuerte y una gran activación.

Síntomas disociativos

Además, según el DSM-V, en un evento traumatico se pueden presentar síntomas disociativos como los siguientes:

Despersonalización: Experiencia persistente o recurrente de un sentimiento de desapego y como si uno mismo fuera un observador externo del propio proceso mental o corporal (p. ej., como si se soñara; sentido de irrealidad de uno mismo o del propio cuerpo, o de que el tiempo pasa despacio).

Desrealización: : Experiencia persistente o recurrente de irrealidad del entorno (p. ej., el mundo alrededor del individuo se experimenta como irreal, como en un sueño, distante o distorsionado).

Por tanto, hay que ser muy cautos en la valoración que se hace de la reacción de una persona ante un evento traumático. En el caso de “la manada”, sería necesario tener en cuenta los síntomas antes descritos para poder entender por qué la víctima no llegó a mostrar signos de defensa.

También hay que considerar estos síntomas para un tratamiento psicológico posterior que debería considerar la terapia cognitivo conductual para el estrés post- traumático.

Además, si algo pone de manifiesto este caso, es la necesidad de una educación en igualdad, con la que las mujeres no necesiten defenderse. Una educación que contemple el respeto y que haga entender que ” no es no “. Por ello, os dejo el siguiente vídeo en el que se ejemplifica la situación de no-consentimiento en una relación sexual comparándola con una taza de té.

 


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